La Adrada es uno de los pueblos más dinámicos y con mayor proyección turística del Valle del Tiétar. Situado a los pies de una colina coronada por su emblemático castillo medieval, esta villa abulense combina su herencia histórica con una vida cultural vibrante y una naturaleza que sigue muy presente.
Un pueblo con castillo… y con alma
El Castillo de La Adrada, restaurado y abierto al público, se alza como símbolo del pueblo. Desde su altura se domina el valle y el entramado de calles que rodean el casco antiguo. A sus pies, el pueblo ha crecido, modernizándose con urbanizaciones y nuevos vecinos, pero sin perder la esencia de villa con raíces profundas.
La Adrada vivió una gran transformación en las últimas décadas del siglo XX, pasando de ser un pequeño núcleo rural a convertirse en una localidad en auge, especialmente durante los meses de verano, cuando su población se triplica.
Tradiciones que siguen vivas
Las fiestas populares tienen un papel destacado en La Adrada:
San Blas (3 de febrero), patrón del pueblo
Santa Águeda, con su simbólica inversión de roles, donde las mujeres toman el mando y la “tizne” da color a los carnavales
El Salvador (6 de agosto), titular de la parroquia
Virgen de la Yedra (segundo domingo de septiembre), con romería a su ermita barroca, de ábside poligonal y cimborrio característico
Cada celebración es una oportunidad para compartir, reunirse y mantener vivas las costumbres de generación en generación.
Una feria medieval que marca el calendario
Desde el año 2001, La Feria Medieval de La Adrada, celebrada cada puente de mayo, se ha convertido en un evento imprescindible para vecinos y visitantes. Durante esos días, el centro del pueblo se transforma con:
- Puestos de artesanía
- Banderines y decoración medieval
- Espectáculos con ocas, burros, dragones y más
- Teatro callejero, cuentacuentos, música, danza, tiro con arco, fuegos artificiales y concursos de trajes
Una experiencia mágica que convierte a La Adrada en un escenario de cuento por unos días.
La Adrada te espera todo el año
Ya sea para visitar su castillo, disfrutar de sus fiestas, perderte en sus calles adoquinadas o simplemente desconectar en un entorno natural con todas las comodidades, La Adrada es un destino perfecto para una escapada rural con historia, cultura y encanto.



