En lo alto de la Sierra de Gredos, a más de 1.000 metros de altitud, se encuentra Casillas, un pequeño pueblo abulense que parece abrazado por las montañas. Su entorno, lleno de bosques y arroyos, lo convierte en un destino perfecto para quienes buscan naturaleza, aire puro y tranquilidad.
Naturaleza generosa a cada paso
Casillas está rodeado por espesos bosques de castaños, robles y pinos, una riqueza forestal que durante siglos ha sido clave en la vida de sus habitantes. La recolección de castañas, la leña y la resina marcaron la economía tradicional del pueblo y hoy siguen siendo parte de su identidad.
Desde sus miradores naturales, se obtienen impresionantes vistas de los valles y lomas vecinas, en especial de Rozas de Puerto Real, que enmarca el horizonte al otro lado de la hondonada donde se unen los arroyos que atraviesan el municipio.
Un pueblo de montaña con sabor auténtico
Caminar por Casillas es recorrer un trazado urbano que responde al ritmo y al relieve de la montaña. Calles estrechas, empinadas y retorcidas, casas en distintos niveles y rincones que invitan a descubrir la historia rural del Alto Tiétar.
Pese a sus transformaciones modernas, Casillas mantiene la esencia de los pueblos de sierra: acogedor, pequeño y con una profunda conexión con su entorno.
En el corazón del Alto Tiétar
Casillas forma parte de la comarca del Valle del Tiétar, en la zona conocida como Alto Tiétar, que toma su nombre del nacimiento del río. Su ubicación estratégica, muy cercana a Sotillo de la Adrada y Santa María del Tiétar, la convierte en una parada natural para quienes recorren la carretera CL-501, principal vía del valle.
Si buscás perderte entre árboles centenarios, respirar aire limpio y dejarte llevar por la calma de un pueblo de montaña, Casillas te espera con los brazos abiertos.



